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lunes, julio 18
libro sobre cine boliviano en la OPINION de Cochabamba
Acaba de salir de imprenta el libro Una cuestión de fe. Historia (y) crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980-2010), de Santiago Espinoza A. y Andrés Laguna, cuyo lanzamiento oficial será en un par de semanas. Se trata de una nueva aproximación a la cinematografía nacional de las últimas décadas, que viene a complementar el trabajo anterior realizado por los autores, El cine de la nación clandestina, en un esfuerzo por cubrir el vacío bibliográfico sobre el audiovisual boliviano reciente. A manera de celebrar esta nueva publicación, realizada gracias a una beca de la Comisión de Fomento a la Cultura de la Fundación Herrmann y editada por Nuevo Milenio, adelantamos un fragmento de su parte conclusiva.
Los últimos treinta años han sido determinantes para la historia del cine boliviano, pues no sólo sus temáticas, reflexiones y preocupaciones se han multiplicado, sino que gracias a la llegada del digital, nunca antes había sido tan fecundo y accesible. Si bien desde su nacimiento el cine boliviano ha sufrido muchas transformaciones, en este último periodo vivió algunas de las más radicales, nunca antes fue tan fácil realizar una película en nuestro país. Gracias a las revoluciones tecnológicas, vivimos tiempos en los que el cine está al alcance de prácticamente cualquiera, lo más interesante es que su accesibilidad no sólo se limita a la producción, sino también a su consumo y a su distribución. Hoy día ya no es complicado que los realizadores y los espectadores estén al tanto de lo que se está haciendo, reflexionando y proponiendo en el resto del mundo. Jamás la cinematografía nacional tuvo tantas posibilidades de dialogar y de interactuar con otras visiones artísticas, con otras cosmologías, con otras estéticas y con otras éticas.
La considerable reducción de casi todas las limitaciones que representa el boom digital y su constante evolución, abrió la posibilidad de hacer cine barato, sin necesidad de tener enormes conocimientos técnicos y académicos, representó una suerte de ruptura de reglas que muchas veces, a causa de la falta de lucidez y de la ignorancia, tuvo resultados desastrosos. Pues si bien todo proceso creativo fértil implica la ruptura de las reglas establecidas, por lo menos en teoría, primero se las debe conocer y se debe saber por qué se las rompe. Siguiendo el ejemplo de Picasso, que se pasó buena parte de su juventud copiando a los grandes maestros para, después de asimilar sus técnicas, romper con la tradición e innovar, para revolucionar al mundo con el cubismo o el surrealismo, los directores bolivianos deben sentirse en la obligación de ser maestros en cine clásico, antes de aventurarse a realizar proyectos arriesgados y personales, deben conocer los cimientos que los sostienen.
Lo que es innegable es que, desde 1980 hasta 2010, en algunos casos muy puntuales se logró renovar el discurso fílmico nacional, se buscaron caminos alternativos a los construidos por los indiscutibles popes del séptimo arte en Bolivia, Jorge Ruiz y Jorge Sanjinés, que a su manera marcaron con fuego nuestro imaginario y nuestra forma de pensar a la cinematografía. Algunos directores realizaron sus películas con inteligencia y libertad, sin dejar de dialogar y de nutrirse de la extensa, de la vital, tradición local y global. En ese sentido, se debe mencionar con especial admiración a lo que hicieron Marcos Loayza en Cuestión de Fe, Rodrigo Bellott en Dependencia sexual, Martín Boulocq en Lo más bonito y mis mejores años, Miguel Valverde y Alexander Muñoz en Airamppo. Semilla que tiñe, Tomás Bascopé en El ascensor, Germán Monje en Hospital obrero y, tal vez el punto más alto del cine boliviano de los últimos años, Juan Carlos Valdivia en Zona sur, entre otros.
En la última década se ha discutido hasta el hartazgo sobre el verdadero valor del digital, sobre su legitimidad, sobre la posibilidad de hacer cine con un formato que no tiene la misma calidad –de imagen y de sonido-, pero en los debates se suele olvidar lo esencial. Como decía Jean-Luc Godard en una entrevista que le concedió a la edición francesa de Cahiers du Cinema, publicada en abril del 2000: “Lo importante es qué se hace y por qué se hace”. No el soporte en que se hace. Así como el celuloide tiene convenientes e inconvenientes, el digital también los tiene, siempre los tendrá, entre los más graves y los que más daño le hacen al cine boliviano está la proliferación de la falta de rigor. Pero estamos convencidos que debatir sobre las bondades y carencias de un soporte, es un diálogo formal, casi estéril, poco trascendente. Lo que nos debe interesar, lo que nos debe desvelar, son los discursos y propuestas del cine boliviano. Hemos dicho incesantemente que gracias al boom digital potencialmente todo el mundo puede hacer cine. Las posibilidades están abiertas. Ahora, sólo queda esperar a que se haga más cine, no remedos de cine. Pues, se sabe, el arte cinematográfico debe ser mucho más que registrar con una cámara una sucesión de hechos, debe contener una ética y una estética, además, éstas deben ser coherentes entre ellas.
La enorme proliferación de películas, realizadas en diferentes soportes, con diferentes técnicas, con diferentes discursos, con diferentes objetivos, con diferentes propuestas, con diferentes intereses, con diferentes argumentos, con diferentes temáticas, nos conducen a repensar qué es el cine boliviano, a repensar cómo se puede definir al cine boliviano. Han quedado muy lejos los tiempos en los que se podía decir sin pestañear que el cine nacional es un arte preponderantemente indigenista, político o de denuncia. Se podría ensayar una respuesta rápida, que caiga en facilismos, y apuntar que es un “cine de la diferencia”, un “cine pluri/multi”, siguiendo la dinámica de los discursos políticos en boga. Pero eso sería tan vago como poco preciso. Pues, después de todo, casi todas las tradiciones cinematográficas se constituyen a partir de la diferencia, muchas tradiciones suelen construir una gran tradición que los críticos e historiadores tienden a llamar con grandilocuencia “Cine nacional”. http://www.opinion.com.bo/opinion/ramona/2011/0710/suplementos.php?id=1135
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domingo, septiembre 26
Entrevista en Los Tiempos:

Texto | Claudia Eid Asbún
foto Patricio Crooker
CREADOR | Entrevista con Marcos Loayza, presidente de la Cinemateca Boliviana, uno de los cineastas más reconocidos del país.
Cuando se habla con Marcos Loayza no se siente que se está conversando con uno de los directores de cine más importantes del país, o con el creador de una de las películas más premiadas de la historia del cine boliviano (Cuestión de fe), se siente más bien mucha comodidad, calidez y honestidad, las mismas sensaciones que sus películas transmiten al espectador.
Loayza es responsable de cálidas historias como “El corazón de Jesús” y ha llevado a la pantalla grande, retratos sinceros de los bolivianos, en producciones como el documental “El estado de las cosas”. En los últimos años su producción se ha concentrado en la escritura de guiones, producción de algunas ficciones y vídeo clips. Actualmente es presidente de la Cinemateca Boliviana, tiene en puerta un nuevo proyecto cinematográfico y se prepara para viajar a Colombia, donde cumplirá el papel de jurado internacional en un concurso de guiones.
¡OH!: ¿Qué significa ser presidente de la Cinemateca Boliviana?
He asumido el cargo hace un par de meses y es una responsabilidad porque la Cinemateca es una institución antigua. Es muy difícil institucionalizar las cosas, yo creo que es una de nuestras mayores debilidades. Desde ese punto de vista yo tengo que dar continuidad a todo lo ya hecho, no puedo asumir la actitud de “escobita nueva”.
¡OH!: ¿Qué significa dar continuidad a lo ya hecho?
La Cinemateca es una institución protegida por la Ley de Cine, que le encomienda ser el reservorio del país y la función de Cinemateca es cuidar toda la producción cinematográfica boliviana, la difusión de la cultura cinematográfica, entonces son las funciones más urgentes para nuestra sociedad. Hace un tiempo la Cinemateca estaba dedicada a difundir el cine, a ser un exhibidor de calidad y sobre todo en la restauración y mantención de público, pero para tener esa continuidad se requieren otras cosas, nunca ha sido buena la situación de las instituciones culturales de nuestro país, más para una institución que trabaja de forma autónoma y auto sostenida. Hay un trabajo de gestión, de restructuración, hay un cambio. La Cinemateca no será la sala de cine que ha sido en los últimos años, sino un centro cultural que pueda trabajar en toda Bolivia y que pueda dedicarse a mantener el cine, enseñar mostrando películas en un espacio de lujo, como las instalaciones de la Cinemateca Boliviana.
¡OH!: ¿Cree que es atinado que los artistas cumplan el rol de gestores?
La Fundación Cinemateca tiene una estructura diferente, presido el directorio de la Cinemateca y los fideicomisarios. Hay una directora ejecutiva que es Mela Márquez, en ese sentido la labor de gestión cultural la desarrollan los fideicomisarios y miembros del directorio, además de gente que trabaja específicamente en cada área. La gente que maneja la Cinemateca tiene que ser gente activa, entonces un cineasta puede entender los problemas de los cineastas, por ejemplo los porcentajes que manejamos son los más altos para cualquier centro de difusión del país. Una película dura semanas en exhibición en la Cinemateca actualmente, hay una política de apoyar a los creadores y al público para que puedan ver una película nacional. Aunque no sea rentable --este no es un negocio--, es parte de la labor social y cultural de la institución.
¡OH!: ¿Cree que nuestra actual Ley de Cine es suficiente para velar por la actividad o debemos tomar la experiencia de otros países?
Colombia tiene una Ley de Cine bastante nueva, es una de las más completas, tanto así que la nueva ley que queremos en Bolivia y que hemos solicitado al presidente Evo Morales, y que él nos prometió que iba a hacer aprobar, está basada en la ley colombiana, que ayuda de forma impresionante a promover a su cine; dentro de esto hay muchas convocatorias y concursos para cineastas colombianos, para eso invitan a un agente extranjero como jurado internacional, ahora estoy leyendo alrededor de 50 guiones y luego iré a Bogotá como jurado, invitan a alguien de afuera para que el Instituto de Cine de Colombia tenga una visión más abierta para dar el fallo. Iré el 20 de octubre. Además estaré en el marco de un encuentro y seminario de cine.
¡OH!: ¿Cuáles han sido sus últimas producciones y en qué proyecto trabaja actualmente?
Lo último que he filmado ha sido un vídeo clip para el grupo Llajtaymanta, de una canción muy popular que titula “Ese lunarcito”. Antes había filmado una ficción mostrando a La Paz a partir de los últimos diez años, por encargo de la Alcaldía paceña.
No dejo de escribir, sigo con mis guiones e historias. Estoy con un proyecto en puerta, espero que se materialice lo más pronto posible. Queremos comenzar este año con todo el equipo, aunque ya hemos comenzado una primera etapa.
¡OH!: ¿Qué cree que le hace falta al cine nacional?
Hacen falta tres cosas: rigor, que debe tener todo artista con su obra, humildad y autocrítica. La combinación de esas tres faltas es terrible y eso no es alentador para nuestro cine.
Creo que los buenos narradores necesitan un universo grande para poder compartir, necesitan una experiencia y algún grado de sapiencia, y necesitan una mirada oblicua de la realidad, no directa y frontal.
Una mirada especial; tengo que mirar a la sociedad de una manera muy especial como para que valga la pena que esa mirada sea vista por otros.
¡OH!: ¿Entonces los creadores jóvenes pueden hacer cine?
Esa sapiencia se adquiere, no se puede hacer una obra a los 23 años y pretender que ese trabajo superará a la biblia; de repente lo consigues, pero no puedes partir de eso, apoyándote en tu linda cara. Cuando tienes humildad te das cuenta de que por ejemplo, Don Miguel de Cervantes Saavedra ha conseguido narrar una de las obras más importantes de la historia de la humanidad (Don Quijote de La Mancha) por alguna razón también, no es que se ha levantado un día y ha dicho: yo soy de la nueva generación de novelistas y voy a cambiar todo el género de la novela, sino ha pasado un montón de vida que lo ha llevado a eso. Yo creo que, como decía el filósofo, a veces una derrota hace mejor que un batir de palmas.
Creo que la mirada oblicua no tiene que ver con que seas un iluminado, yo creo que cualquiera puede tener esa capacidad, pero hay que tener el valor de ponerse en ese lugar. Cuando estés ahí lo más probable es que te margines y tengas que pagar un montón de facturas, para poder ver desde ese lugar. Cuando no tienes oblicuidad te quedas en tu casa y desde tu balcón quieres ver todo de frente, hay algo que hace al artista y no creo que sea un problema social, sino cómo una persona decide mirar las cosas, por diversas razones, por su formación, por su cultura, por su carácter o porque le da la gana y eso son los artistas y creo que pagas más facturas. Los románticos dirían que tienes que sufrir, pero es necesario eso, de otra manera estás condenado a decir las cosas obvias.
¡OH!: ¿Cree que el formato digital le hace bien al cine?
Le hace mucho bien porque es más fácil rodar, se puede practicar, se puede pensar de forma audiovisual. Antes tenías que pasar por lo escrito para expresar tus ideas audiovisuales. Antes había un visor de director, ahora se puede hacer eso con un celular. Pero una película sigue siendo una película, de todas maneras se requiere que el espectador esté atento, que esté empático y mejor si llega a una catarsis en 90 minutos, se supone que debe haber un discurso, un guión sólido, una puesta en escena sólida, continuidad dramatúrgica, narrativa, de luz, de sonido, de carácter. Es muy fácil que una película te salga mal, basta con un elemento, como un mal actor, para que arruine toda la película, entonces eso se debe saber. Cuando se filma en digital se pierde esa percepción porque se puede hacer en cualquier momento, entonces no hay lo meditado, reflexionado y ensayado que tenía el cine antes.
¡OH!: ¿Cree que hay una brecha generacional entre cineastas?
Hay brechas, hay factores que determinan, de acuerdo al contexto en el que se vive, eso es evidente. Una persona que se ha criado con los “Beatles” va a tener una visión diferente a una que se ha criado con “Police”, eso determina, además hay cosas que socialmente se comparten, mi generación ha compartido mucho el Marxismo-Leninismo, eso de la izquierda, de la Patria, que concibe al arte como un instrumento de la revolución, de repente nosotros hemos compartido otro tipo de vivencias.
¡OH!: ¿Su discurso ha cambiado con el tiempo?
Claro, uno envejece, se pone más bondadoso, más sabio, recibes heridas, consigues cicatrices, vas cargando muchas cosas en la vida, es como un caracol y mientras más años tienes ese caracol va creciendo, es más grande, hay más peso, yo creo que puedo cambiar. He cambiado mis ideas políticas y religiosas, y ojalá eso sea madurez, desconfío mucho de la gente que tiene un solo pensamiento, gente que divide a las personas entre buenos y malos, santos y pecadores, yo desconfío mucho de eso, sobre todo en el arte, de repente es un buen pensamiento para un honorable diputado, pero no para un creador.
¡OH!: Y ¿cuál es su discurso?
Mi discurso es la suma de un montón de cosas que quiero decir y mostrar, es una manera de ver el cine, el drama, la comedia, la narrativa, mi tiempo, mi sociedad, mi casa, la puesta en escena, la música, los actores, cómo se conjuga todo eso, una manera de verme, todo eso hace mi discurso. Si me pongo a analizar eso, ya no sería creador sino crítico y eso se puede hacer cuando se acaba la película y se confronta con el espectador.
viernes, junio 19
2000 visitas

Pasamos las 2000 visitas en You tube, cosa que nos alegra, y esperamos tener aún más.
estos son los porcentajes:
Por un mundo nuevo 32,2 %
Ismael Serrano interpreta "Eres" en "El corazón de Jesús" 13,5 %
Convivir, Sembrar Paz 11,1 %
Ismael Serrano canta "Estatuto vital" de "El corazón de jesus 9,9%
Ismael Serrano canta la Cordura de "EL corazón de Jesús" 8,8 %
"Corazón de Jesús", " Ay cuando la muerte", "Ismael Serrano" 5,8 %
Cuestión de Fe 5,3 %
Ismael Serrano canta "La locura" en"El corazón de Jesús" 5,3 %
Yalo Cuéllar , El estado de las cosas 2,9 %
Juan Enrique Jurado en "El estado de las cosas" 2,3 %
Y desde donde más nos visitan es desde Argentina y España
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martes, abril 7
Nuestras películas en Munich

Nos hacen un homenaje en un bar restaurante llamado CARAMBA en Munich, nosotros honrados y agradecidos.

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lunes, marzo 23
Secuencia del gallo
Incluimos una de las más solicitadas secuencias de la película "Cuestión de fe"
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Susana Baca
domingo, marzo 8
espejos

fotograma de "Cuestión de Fe" en la primera secuencia en el bar de "la corajuda" (nombre que se tomo de uno que existía en las afueras de la ciudad de tarija, donde morían los valientes).
Una obra de cine no es un espejo de la realidad , ni de la sociedad: es parte de ella.
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viernes, febrero 13
Respuesta a Jimmy

El día de hoy en las páginas de opiniones de La Razón escribe mi amigo Jaime Iturri Salmon (Jimmy) sobre la obra "La nación Clandestina"(1989) del maestro Jorge Sanjinés. En lo que coincidimos con él es en la calidad del film y de que se trata de su película más lograda; en lo que no estamos de acuerdo es la visión de Jimmy de que la década neoliberal fue similar frente a la cultura, al periodo dictatorial de Franco en España, porque si bien fueron años duros, a la distancia, resulta que en esos años a pesar de la mordaza liberal, en cine tuvimos mejores días que los que vivimos ahora, porque no había una cacería, porque se respetaba un poco más la Ley de Cine, funcionaba el fondo de fomento, el estado pagaba las cuotas de programa Ibermedia, y había una conciencia en varios sectores de la importancia de cine y la cultura para el desarrollo de nuestra cultura. Hoy en día la urgencia política del proceso les impide a lo gobernantes ver la importancia de lo cultural; no es casual, de que este proceso no vaya acompañado de un proceso cultural fuerte que cambie los paradigmas artísticos.
Pero esos son asuntos de los gobernantes.
También escribió Jimmy:
"La película de Marcos Loayza es una comedia, por tanto, no se le puede pedir la lucidez de la obra de Sanjinés; pero es también un recorrido por la idiosincrasia de nuestro país".
Yo personalmente creo que a ninguna película se le puede pedir “lucidez”, porque no son textos que explican las cosas sino las muestran, pueden reflexionar, pero su valor reside justamente en que dialogan con el espectador en niveles diferentes a los de la razón y de la conciencia. Es decir el artista no debería tener como punto de partida la lucidez, porque estaría, generalmente, encorsetando su obra a lo que determina la sociología, la política, la filosofía.
Por otro lado creo además de que en general, el humor y la comedia, pueden ser un espejo más certero, más crítico, más directo y más contundente que los dramas; lo difícil es hacerlo bien.
Pero, carajo, como nos cuesta reírnos de nosotros mismos.
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